El viaje parecía prometedor, después de todo la compañía pagó los boletos de avión, y nos consiguió los boletos para el reventón Super Estrella en Los Ángeles, California.
El concierto estuvo mejor que el año pasado… sobre el viaje en general no puedo asegurar lo mismo.
Fueron los peores tres días de mi vida… Sin exagerar.
Empecé el fin de semana de lo peor pues el viernes madrugué a las 6 de la mañana para entregar un disco que necesitaba un compañero, de regreso a casa se me atraviesa un gato completamente negro… y como no soy supersticioso… bueno… no era, no le tome importancia, cuando mucho lo voy a agarrar de broma, pensé.
Antes de salir hacia el aeropuerto le comente a mi esposa lo del gato seguido por comentarios de que probablemente nos estrellaríamos, claro bromeando.
El vuelo salía el viernes a las 9:55 de la mañana, del aeropuerto de Tucson, salimos un poco temprano para estar a tiempo, con eso de la bascula (o revisión) de rigor, también teníamos que encontrarnos con mi buen amigo Gastón, que nos acompañó en el viaje y a quien le pido mil disculpas porque las cosas no salieron como planeadas.
A la hora de recoger la maleta, esta no apareció por ningún lado. Perdimos mas de dos horas en el aeropuerto averiguando, finalmente nos dijeron que si la encontraban la llevarían al hotel.
A la hora de recoger el auto rentado, el modelo que habíamos reservado se agotó, para salir de la bronca los nos dieron un carro, supuestamente un upgrade.
Después de turistear un rato en el barrio Chino de Los Ángeles y comer, Dios sabe que clase de animal exótico, disfrazado de pollo y res, fuimos a descansar al hotel.
En el hotel Karla se la pasó totalmente deprimida toda la tarde, hasta que nos decidimos ir de compras por algo de ropa, yo de volada escogí un par de jeans, dos playeras y tres boxers para salir del apuro.
Con Karla fue otro rollo, salimos de la tienda casi a las 8:30 con rumbo al hotel y cuando menos lo esperábamos recibimos la esperada llamada de la aerolínea, donde nos informaban que encontraron la maleta y la entregarían al hotel muy pronto.
Los planes de salir se arruinaron por esperar la dichosa maleta, casi a las 11 de la noche decidimos salir de perdida a cenar, terminamos en Hollywood donde el ambiente si estaba muy bueno con todos los antros y la gente divirtiéndose, pero como que ya no andábamos de humor para eso. Sólo cenamos y nos regresamos al hotel.
A las 2:00 de la mañana decidimos tomar cartas en el asunto y fuimos al aeropuerto para chekar ke onda con nuestro equipaje, cuando Karla ve tan solo dos hoteles junto al nuestro se encontraba otro hotel de la misma cadena, Sheraton, y con una seguridad de adivina, Karla me dijo: “Ahí esta la maleta”.
Por supuesto, no arreglamos nada en el aeropuerto y de regreso llegamos al hotel vecino y ahí tenían la maleta desde temprano, sin embargo, la persona encargada de ese rollo estaba en su hora de descanso por lo que esperamos casi 40 minutos para recobrar la maleta.
Nos fuimos a la cama después de las 3 de la mañana. Al día siguiente ya estábamos listos antes de las 10.
Mientras todo esto sucedía los boletos no llegaron a Tucson como se nos informaron que los recibiríamos en el hotel el mismo día del concierto, el sábado… como no!
Para conseguir los boletos fue otra aventura… el viernes en la tarde nos informaron no llegarían a tiempo para el concierto, que mejor me reportara en will call para recoger otros boletos, claro que para hacer la barba serian muy buenos y también nos incluirían en la lista de los V.I.P.
A la hora de la hora ¡solo incluyeron 4 boletos cuando en realidad necesitabamos 4 pares!
Más tarde le sigo con el concierto porque ya mes estoy encabritando de nuevo.